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mardi 9 février 2016

SANS SOUCI

El 7 de enero del año 2004, me radiqué en la ciudad de Lausanne, Cantón de Vaud, Suiza. Si bien vivían en esta ciudad mis dos hijos varones, Juan y Ernesto, yo pasaba la mayor parte de mi tiempo solo y uno de mis entretenimientos era recorrer la ciudad a pie, para conocerla en detalles.
            Una mañana caminaba por el puertito de Ouchy, a orillas del lago Leman y con sorpresa vi que estacionado sobre el muelle, había un yate en reparación, que lucía el nombre de “Sans souci”. Inmediatamente recordé el nombre del tango homónimo que Enrique Delfino, había compuesto allá por el año 1917.
Enrique Delfino, a quien sus fanes apodaban “Delfi”, fue un eximio pianista, director y compositor, nacido en Buenos Aires, República Argentina, el 15 de noviembre del año 1895. Vivió muchos años en Montevideo, donde compuso su exitoso tango Re - Fa - Si. Falleció en su ciudad natal el 10 de enero de 1967.  
 Llegado a casa pregunté a uno de mis hijos el significado en español de sans souci, despreocupado, me dijo.
Allí terminó la cosa. Ahora navegando en Internet, encuentro que Sanssouci, es el nombre de un conjunto de edificios y jardines en Postdam, cerca de Berlín, que incluye al antiguo palacio veraniego oficial de Federico II El Grande, rey de Prusia, a quien llamaron en Europa, “El padre de la papa”.
                Construído entre 1745 y 1747. En 1990, la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad.
            Pero la cosa no paró allí. Hay un Palacio Sanssouci, en el partido de San Fernando, Bs. As., Argentina, que se inauguró en 1916 y fue la residencia de Marcelo Torcuato de Alvear (10.01.1868 – 23.03.1942), cofundador en 1890 de la Unión Cívica Radical (UCR) y presidente de la República Argentina entre los años 1922 y 1928.

            Cual fue entonces el motivo que llevó a Delfi a llamar a su tango “Sans souci”. En nuestra modesta opinión fue la traducción, despreocupado, pero puedo estar equivocado y hay alguna otra respuesta a esta incógnita. Alguno de ustedes la sabe? Por favor háganos saberla. Desde ya, muchas gracias.

VILLA YERUA, el chalet donde vacacionaba Carlos Gardel


Dr. Juan Ángel Holenweger
El hoy barrio de Malvín se construyó sobre legendarios montículos de blancas arenas, por las que se expandían frondosos eucalíptos y dispersos algunos ranchos de pescadores artesales y otros que habitaban familias de lavanderas. El cauce de algunos arroyitos, atravesaba el lugar para verter sus aguas en el Río de la Plata.
A estos sacrificados trabajadores les corresponde el mérito de «domesticar» con su actividad los solitarios arenales, atrayendo los primeros comerciantes y dando pie a la participación de emprendimientos como los studes.
El Barrio Malvín comenzó a urbanizarse como tal, de la mano del rematador Don Francisco Piria.
La actual denominación se debe justamente a la variación fonética y gramatical  del apellido de uno de sus primeros pobladores, Juan Balbín González Vallejo.
            «Villa Yeruá». Yeruá es una palabra de origen guaraní que significa calabaza, es un viejo chalet, que está ubicado en la esquina de Rimac y la Rambla O’Higgins, que conserva las características de los clásicos chaletes de veraneo, que lucía Malvín al inicio del Siglo XX.
Las entonces playas solitarias y el agua del río como mar, atrajeron a los cuidadores de caballos pura sangre que corrían en Maroñas, los que comenzaron a instalar en la zona sus studes. No olvidemos que para entonces, primeros años del «900», la ciudad de Montevideo era, por así decir, una gran estancia. Casi en línea recta se unía Malvín con el Hipódromo de Maroñas.
Precisamente el dueño de Villa Yeruá, don Francisco Maschio, era uno de aquellos. La llegada de los pingos al lugar con la finalidad de trotarlos en la arena dura y someterlos a masaje hídrico en la costa, trajo aparejado la visita y el veraneo de allegados, entre los que se contaba Carlos Gardel, invitado por Maschio, entrañable amigo y entrenador de los caballos del cantor, entre ellos, el recordado «Lunático», el preferido del «Mago».
En el tango de Modesto Papávero, «Leguisamo solo», al finalizar dice Gardel refiriéndoce al jockey y al caballo: «Bueno viejo Francsico, decile al Pulpo que a Lunático lo voy a retirar a cuarteles de invierno ; ya se ha ganado sus garbancitos. Y la barra completamente agradecida. Sentí la barra: Muy bien! Salute!».
El viejo Francisco es precisamente Francisco Maschio y El Pulpo es Leguisamo. Esta grabación fue hecha en Buenos Aires en 1927.
Hay una grabación anterior, en Barcelona del año 1925, en la que Gardel la termina diciendo : «Che viejo Francisco, pero cuando corra «Lunático» viejo, dieciocho setenta por barba y armado todo el mundo. Hecho el gil y no va más». Esta grabación prácticamente no se escucha.
No hay duda que hablar de tango entonces es hablar de Gardel y de turf. Los biógrafos del «Mago» no dudan en asegurar que el «Zorzal Criollo» vivió pendiente de las carreras de caballo. Alguna vez dijo Gardel : «He ganado y gano mucho, pero todo se me va. Me gusta vivir bien, la bohemia… las carreras de caballo son mi pasión! El  dinero que me han hecho perder!...».
Según referencias de cronistas gardelianos, allá por 1915, don Ángel Rabuffetti, propietario  del Stud «Los Rosales», le pidió a un amigo suyo que invitara a Gardel para un banquete que iba a dar. Al finalizar la tenida Rabuffetti dijo: «Me han informado que el Sr. Gardel y su compañero Razzano, no aceptarán paga por esta magnífica actuación. Pero entiendo que toda retribución es válida y mucho más si tiene que ver con el turf. El buen momento que ellos nos han brindado merece un premio y el domingo voy a jugar 100 ganadores en su provecho, a una fija imperdible en Palermo y juntos festejaremos la victoria».
El «dato» era «La Ñata» y el botín fueron $ 1.280 nacionales.
Para finalizar digamos que Villa Yeruá evoca también una forma de vivir muy arraigada a aquellos studes; en ellos eran frecuentes  reuniones para festejar gratos momentos. «En las fiestas del Sutd, era imprescindible la presencia de Carlitos», decía Francisco Maschio.
A propósito escribo palabras del eximio jinete compatriota, Irineo Leguisamo, tomadas del libro del Arquitecto Nelson Bayardo y que da por tierra el sonado tema de la homosexualidad de Gardel: «Muchos días inolvidables pasamos en Montevideo, allá en la playa Malvín. Maschio había habilitado dos habitaciones en su chalet, Villa Yeruá, para recibirnos a Carlos y a mi. No sorprendió entonces que Carlos pernoctara con alguna de sus amigas en una de las habilationes mientras yo, puerta por medio, me acicalaba y escapaba por la ventana para vivir la noche uruguaya».
Recordemos que Virgilio Expósito se tuvo que desdecirse de sus opiniones sobre las relaciones amorosas de Gardel.

Actualmente, el viejo chalet, pertenece a la IMM. Qué bueno sería entonces que se le acondicionara y pasara a ser el ansiado MUSEO DEL TANGO!!!