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vendredi 3 octobre 2014

SOBRE EL PUCHO

25 de junio de 2014, estoy en la puerta del CHU (Hospital Universitario de Lausanne, Suiza) a la espera de la llegada al mundo de mi primer nieto varón Holenweger. A la entrada un recipiente con arena en el que deben dejarse los cigarrillos antes de entrar al nosocomio. En ese momento afloró en mi mente el recuerdo del tango de Piana y Castillo, “Sobre el pucho”.
            Corría el año 1922, era el momento que Sebastián Piana debía hacer el Servicio Militar Obligatorio, en aquel entonces, en la hermana República Argentina. El padre lo mandó a la casa de José González Castillo, un amigo personal y de confianza y hombre muy ilustrado que había trabajado en los tribunales, con una carta que decía: “Ahí te mando a Sebastián, mi hijo. Te pido que hagas lo posible por salvarlo de la colimba”. Y así lo hizo, no importa como.
                La carta también decía que el muchacho era músico. En la casa de González Castillo había un piano, en el que estudiaba su hijo Cátulo y en él, Piana exhibió sus virtudes.
            En ese momento el joven se animó a decirle al dueño de casa: “Señor, sabe que hay un concurso organizado por una fábrica de cigarros…la que fabrica los Tangos?  Yo tengo una música ya compuesta, no querría Ud., ponerle letra?”
                “Sobre el pucho”, fue la respuesta, intuyendo seguramente González Castillo que tratándose de un fabricante de cigarrillos el “sponsor”, el título del tango impresionaría a los miembros del jurado.
            El tango “Sobre el pucho” obtuvo el segundo puesto, habiendo sido el ganador el que presentó Juan de Dios Filiberto titulado “El ramito”. El premio consistía en quinientos pesos moneda nacional, una verdadera fortuna para los escuálidos bolsillos del joven Piana.
            Carlos Gardel ´”olfateó” que aquel tango habría de tener gran éxito y lo grabó quince días después del concurso, asegurando así la consagración de la obra del novel compositor.
            Este fue el momento en que Sebastián Piana se inició en el tango. A partir de entonces de la vena creadora de Piana surgen infinidad de hermosos temas: “Viejo ciego”, “El pescante”, “Silvando”, “Tinta roja”, “Milonga del 900”, “Caserón de tejas”
            Muchas veces al maestro se le oyó decir: “A mi me cantan “Tinta roja” nada más, no sé para que sigo componiendo”.
            Esta es la letra del tango “Sobre el pucho”:
Un callejón en Pompeya
Y un farolito plateando el fango
Y allí; un malevo que fuma,
Y un organito moliendo un tango;
Y al son de aquella milonga
Más que en su vida mistonga
Meditando aquel malevo
Recordó la canción de su dolor.
Tango querido, que ya pa’ siempre pasó
Como un pucho consumió
Las delicias de la vida
Que hoy cenizas solo son.
Tango querido que ya pa’ siempre calló
Quien entonces te diría
Que vos te llevarías
Mi única ilusión?
Y al son de aquella milonga
Más que su vida mistonga
Meditando aquel malevo
Recordó la canción de su dolor.
            Este tango resultó un éxito permanente de la orquesta del maestro Juan D’Arienzo con su cantor Héctor Mauré. La orquesta del Rey del Compás lo grabó el 12 de setiembre de 1941, disco 39.472 “A” de 78 rpm; al dorso tiene el vals “La serenata de ayer”, también con la voz de Héctor Mauré.

            Al día siguiente volví al Sanatorio. Esa madrugada había nacido Gael, así se llama este, mi sexto nieto. Un hermoso regalo de mi hijo menor. Que Dios lo guíe toda su vida.